La vida e historia de Esopo, e igualmente la de Homero, el más famoso poeta griego, está cubierta por una densa oscuridad. Muchas ciudades compiten por el honor de ser la cuna del famoso poeta: Sardis, la capital de Lydia, Samos, una isla griega, Mesembria, una antigua colonia tracia y Cotiaeum, la principal ciudad de la provincia de Frigia, por ejemplo. No obstante, no puede adjudicarse dicho honor de forma definitiva a ninguno de estos lugares, aunque hay ciertos sucesos relacionados con el nacimiento y muerte de Esopo aceptados por la comunidad científica. Por unanimidad su nacimiento se sitúa en torno al año 620 adC. y fue probablemente un esclavo por nacimiento. Dos dueños se turnaron en su posesión, ambos habitantes de Samos: Xantus y Jadmon, quien le concedió su libertad en agradecimiento a sus conocimientos y lealtad. Uno de los privilegios de un liberto era la capacidad de participar de forma activa en la vida pública; y Esopo, al igual que los filósofos Phaedo, Menippus y Epitectus en épocas posteriores, ascendió desde la indignidad de una condición servil a una posición de gran renombre. Viajó por muchos países buscando poder enseñar y aprender, y en uno de estos viajes llegó a Sardis, la capital del famoso rey de Lydia, el gran mecenas de aquellos tiempos de todos los sabios y los estudiosos. En la corte coincidió con Solon, Thales y otros sabios, y según se cuenta al rey le gustó tanto su intervención en las conversaciones con estos filósofos, que exclamó: “El frigio es el que mejor ha hablado de todos”, dicho que aún pervive.

Invitado por Croesus, fijó su residencia en Sardis y se ocupó de varios temas de estado muy difíciles y delicados. En cumplimiento de estos encargos visitó varias polis griegas. En un momento dado le encontramos en Corinto, en otro en Atenas enfrascado en la narración de una de sus fábulas para reconciliar a los habitantes de estas ciudades con la administración de sus respectivos gobernantes Periandro y Pisistrato. Una de estas embajadas, llevada a cabo bajo el mando de Croesus, fue la causa de su muerte. La misión  consistía en repartir una enorme cantidad de oro entre los ciudadanos de Delfos, pero tanto le provocó su avaricia que decidió no dividir el dinero y mandarlo de vuelta a su jefe. Éstos, enfadados, le acusaron de impiedad y le ejecutaron como a un criminal a pesar del carácter sagrado de s cargo de embajador. No obstante, este cruel crimen no quedaría sin venganza. Una serie de desgracias se sucedieron en la ciudad hasta que sus habitantes realizaron una reparación pública del crímen; y “la sangre de Esopo” se convirtió en un conocido proverbio que afirma la verdad de que las malas acciones no quedan impagadas. Tampoco le faltaron al gran fabulista honores póstumos, ya que se erigió una estatua en su honor, obra de Lisipo, uno de los escultores griegos más famosos. Phaedrus inmortaliza el momento de este modo:

Aesopo ingentem statuam posuere Attici,
Servumque collocarunt aeterna in basi:
Patere honoris scirent ut cuncti viam;
Nec generi tribui sed virtuti gloriam.

Estos son los escasos hechos de su nacimiento, vida y muerte que conocemos con cierto grado de certeza. Salieron a la luz tras un estudio diligente y paciente de los autores dela antigüedad llevado a cabo por el estudioso francés M. Claude Gaspard Bachet de Mezeriac, quien renunció al cargo de tutor de Luis XIII de Francia para poder dedicarse enteramente a la literatura. Publicó la Vida de Esopo en 1632. Las investigaciones posteriores de un grupo de estudiosos ingleses y alemanes añadieron muy poco a lo hallado por  M. Mezeriac. La certeza de estos hechos se ha visto confirmada con posterioridad por la crítica y las investigaciones. Queda por decir que con anterioridad a la publicación de Mezeriac existe una biografía de Esopo de la mano de Maximo Planudes, un monje de Constantinopla, que fue enviado en embajada a Venecia por el emperador bizantino Andrónico el mayor, y quien escribió en los primeros años del siglo catorce. Su vida estuvo dedicada a todas las primeras ediciones de estas fábulas y volvió a publicarse en fechas tan lejanas como 1727 por el arzobispo Croaxal como introducción a su edición de Esopo. No obstante, esta biografía de Planudes es muy poco fiable y está  tan llena de retratos absurdos de la deformidad de Esopo, asombrosas historias apócrifas, leyendas falsas y enormes anacronismos que hoy se la tacha de forma universal de falsa, pueril y poco fiel. Hasta la fecha sigue sin ser digna de ningún crédito.

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