Si nos ceñimos al contexto hispánico o peninsular y dejando de lado ese período previo ocupado en exclusiva por la traducción oral, la aparición del a actividad traductora en dicho territorio, conserva, muestras escritas que se corresponden con las apariciones culturales, literarias y científicas de sus variados moradores. Sabemos, por ejemplo, que la traducción formaba parte del ideario educativo y del afán de saber del pueblo romano, y que la muestra más antigua de ello en la Península es la traducción del griego al latín de las Sententiae Patrum Aegyptorum, los Capitula ex Orientalum Patrum Synodis y los Apotegma Patrum, trabajos llevados a cabo en la segunda mitad del siglo sexto de nuestra era por San Martín y San Pascasio, monjes del monasterio de Dumio en Braga; o que el obispo Ulfilas traduce del griego y del latín al godo, en le siglo IV, todos los libros de la Biblia excepto el de los Reyes.

Aún cuando la lengua de destino no fuera el primitivo romance, la aportación de los árabes a la extensión de la actividad traductora en la Península ha de ser tenida, al menos, como modelo inicial, además de ser un enriquecimiento cultural de primer orden, sobre todo hasta el siglo XII. Los árabes son, en palabras de ramón Menéndez Pidal, el eslabón cultural entre su conocimiento científico y Occidente. En las postrimerías del siglo XII, exactamente 1199, es la fecha del escrito más antiguo de los conservados en la Península , sobre una traducción. Se trata de unas epístolas del judío Samuel Ben Tibbon dirigidas a Maimónides, quien le contestó desde El Cairo. Solo conocemos de su existencia por la respuesta del filósofo , y, tal y como se desprende de ella, el traductor le habría planteado toda una serie de dudas de lectura y aun de carácter filológico que debieron de ser determinantes del respeto y consideración que el cordobés muestra con su traductor. Ben Tibbon tradujo al hebreola guía de perplejos, escrita en árabe; Maimónides destaca del traductor su capacidad “para entender los símiles y parábolas”, así como la de “ahondar en un tema y sacar a la luz su sentido oculto”.

Los principios de la traducción, según Maimónides, son la claridad- para la que es precisa la plena comprensión e interpretación del original- y la reproducción fiel del sentido, cosa ésta que debe practicarse incluso en detrimento de la fidelidad a otros aspectos como son la sintaxis o la total correspondencia de las palabras en cuanto a su cantidad. Es decir, puesto que el autor original ha gozado dela inusitada, para aquellos tiempos, fortuna de cerciorarse de que su obra está en manos de un traductor competente, su vigilancia es meramente testimonial y su única preocupación manifiesta- que no es tal- se ciñe al hecho de que la versión (en otra lengua, con otras palabras) reproduzca lo más estrechamente posible el sentido o los sentidos del texto, no sólo de sus palabras, sino de su idea y la reproducción de aquél en la lengua de llegada.

Se ha señalado en algunos lugares que este primer testimonio y reflexión sobre la traducción no tuvo continuidad hasta bien entrado el siglo XIV en la Península. De las escuelas toledanas de los siglos XII y XIII en la Península. De las escuelas toledanas de los siglos XII y XIII no se conserva, o no se conoce hasta el momento, una sola línea que pueda entenderse como muestra de la reflexión en torno a la labor traductora. De todas formas, la carta de Maimónides, en respuesta a las consultas de Ben Tibbon, es un magnífico primer testimonio, no tanto por sus ideas, que se repetirán monocordemente en muchos autores y textos a lo largo del tiempo, como por el hecho de que presenta un proceder deseable que es, en síntesis, la actitud del traductor que se molesta en localizar y consultar al autor del texto y también, por qué no, la actitud de éste, quien trata, por su parte, de presentar un modelo ideal de traducción sin incidir personalmente en el traductor.

Maimónides presenta, en resumen, una serie de ideas de gran interés:

1. La comunicación entre el autor y su traductor; cuando es posible, ayuda a éste en la siempre difícil dilucidación del sentido o de los sentidos del texto.

2. El traductor, por su parte,  no sólo debe conocer las lenguas de partida y de llegada, sino que, además, ha de conocer la obra de aquel a quien traduce y los temas o materias que trata.

3. La traducción ha de ser fiel al sentido (ha de reproducirlo en la lengua de llegada), y esto supone cambios de tipo sintáctico respecto del discurso original.

Esta tríada conceptual irá repitiéndose, junto con a otros topoi, tal y como denunciará Steiner, a lo largo de la historia de la traducción. No deja de ser, en conclusión, un hecho erudito singular: una misma teoría, con pequeñas variaciones y en diferentes idiomas y tiempos, es repetida de manera universal. Las conclusiones a que puede llegarse son variadas, no obstante: desde quienes, como o Steiner defienden que “no hay teorías de la traducción”, sino “descripciones razonadas de los procesos”, hasta quienes podemos pensar que la contumacia de traductores, retóricos, gramáticos o lingüistas en general, a través de los tiempos, en cuanto a su defensa de pocos y muy elementales principios, quizá tenga que ver con una situación general, que, permítaseme la perogrullada, consiste en dos lenguas, un texto y un traductor. Sostenía el ensayista mexicano Alfonso Reyes que “la traducción es un peligroso viaje sobre dos caballos de desigual carrera”, realidad incontestable que puede explicar también por qué distintos traductores, en distintas lenguas y tiempos distintos se hayan planteado cuestiones semejantes. La traducción es siempre un viaje desde un pasado más o menos remoto (el del autor y su texto) a un presente (el del traductor), o, dicho por Steiner: “El tratamiento del tiempo en la traducción, como una variable determinante, refleja- al igual que la multiplicidad de las lenguas, y el hecho de que éstas no hayan evolucionado sincrónicamente- aquella necesidad esencial de invención libre, de alternatividad, que es el motor mismo del lenguaje humano. El traductor abre las fronteras a nuevas opciones del ser”.

Fuente: Aproximación a una historia de la traducción en España. José, Francisco Ruíz Casanova)

Paula Lara Domínguez

Docente y traductora 

paulalaradominguez@gmail.com

(+34) 655301305

laratranslations.webnode.es

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