Durante el período que va de los siglos XI al XIII, los romances peninsulares- y, entre ellos el primitivo castellano- son influidos de manera regular por las lenguas galas, occitana y provenzal. Se trata, fundamentalmente, de aportaciones léxicas que tienen su ámbito de aplicación en el mundo cortés de la nobleza y los monasterios (mesón, manjar, homenaje, deleite y que penetran en el romance por varias vías: la peregrinación por el norte de la Península a Santiago, algunos movimientos migratorios de la población y las bodas reales. De entre las adquisiciones destaca, por su extensión y uso, el apócope de la e final en términos como cort, part, etc. y que será uno de los rasgos léxicos de la poesía épica medieval.

Por lo tanto, en su etapa primera de formación, los romances peninsulares, y en concreto el castellano, se vieron enriquecidos gracias al contacto con otras comunidades y otras lenguas. Por su enclave geográfico, la primitiva lengua castellana se vio favorecida por las influencias intrapeninsulares, que aportaban las lenguas que la rodeaban (gallego-portugués, astur-leonés, navarro-aragonés, catalán, árabe) como por las extrapeninsulares, procedentes entonces de Francia. Debe destacarse esta circunstancia en toda su magnitud, pues además de explicativa del origen de nuestra lengua, es un elemento más que debe tenerse en cuenta a la hora de evaluar la temprana actitud traductora que nuestros autores habrán de demostrar: no podemos olvidar que la traducción es, también, fuente de contactos culturales y génesis, en muchos casos, de influencias lingüísticas y literarias. Desde el siglo XIV, como se verá, el interés traductor se orienta hacia las lenguas clásicas, principalmente hacia el latín, de tal modo que la historia de la lengua registra durante los siglos XIV y XV una primera oleada de cultismos, léxicos en su mayoría, que será implementada durante los Siglos de Oro en el aspecto gramatical también.

Por último, habría que subrayar la profunda preocupación que escritores y eruditos del siglo XV manifiestan por la lengua castellana. Enrique de Villena, por ejemplo, en su arte de trovar incluye múltiples excursos teóricos en torno a la ortografía, la fonética y cuestiones léxicas; también Alfonso de Cartagena y Alonso de Palencia, este último en su Universal vocabulario (1490), tratan de la lexicografía; de hecho, el vocabulario de Palencia viene a ser un diccionario latín-castellano en el que se incluyen las equivalencias y las pertinentes observaciones etimológicas.

El último cuarto del siglo XV se reconoce como uno de los momentos cruciales en la evolución, desarrollo y expansión del castellano. Circunstancias históricas (el proyecto político de los reyes Católicos) unidas a otras como el descubrimiento de la imprenta y la redacción de la Gramática Castellana de Antonio Nebrija, a lo que cabría sumar la orientación literaria clásica de la literatura posterior, la implantación del castellano en los territorios americanos, etc., darán como resultado la consolidación de la lengua en un segundo período de normalización.

Fuente: Aproximación a una historia de la traducción en España. José Francisco Ruiz Casanova

Paula Lara Domínguez

Docente y traductora 

paulalaradominguez@gmail.com

(+34) 655301305

laratranslations.webnode.es

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