El cuento es el mejor material para el desarrollo del lenguaje. Se trata de un relato de sucesos imaginarios, cuya finalidad abarca el ámbito moral o recreativo, estimulando asimismo la imaginación y curiosidad. Mediante la lectura de un cuento, el niño puede llegar a comprender hechos o sentimientos de los demás y convertir lo fantástico en real, dando rienda suelta a la imaginación y creatividad, disminuyendo tensiones y aprendiendo a resolver conflictos.

Por tanto, desde la perspectiva del tutor, el cuento se convierte en un elemento muy importante mediante el cual puede fomentar la expresión oral (mayor vocabulario, más amplio, claro y conciso), la creatividad, y también ayuda a crear hábitos de sensibilidad artística. Pero hay que tener muy presente que no es lo mismo contar un cuento que leerlo puesto que al contarlo se usan elementos expresivos, mímicos e interactivos que no se ofrecen al leerlo. Contar un cuento es comunicar, y para que esto ocurra, el niño tiene que reconocer a los personajes, entender el relato y comprender el desenlace.

Para que proceda todo esto, el niño debe sentirse realmente atraído por la historia y debe seguir la secuencia del cuento. Para ello, debe estar identificado en mayor o menor grado  con los personajes, es decir, que las metas y motivaciones estén próximas a las suyas. El grado de complejidad será otro elemento fundamental, la secuencia causa-efecto del cuento debe ser simple. Y por último, la historia debe ser direccional y organizada, es decir, el material tiene que estar ordenado, o de lo contrario, el niño puede perder la atención y, consecuentemente, la motivación.

Además, el lenguaje literario infantil debe ser próximo a los receptores, manteniendo un tono sencillo, natural y ligero, que puedan entender. Por lo tanto, también debe poseer una forma de expresión coloquial. Como bien hemos señalado anteriormente, la literatura infantil fomenta la expresión oral, y por ende,  el vocabulario debe ser variado y preciso, pero no demasiado extenso y evitará, en la medida de lo posible, las abstracciones. Con todo esto, se logrará captar y mantener la atención del niño y al mismo tiempo se dará fuerza a la historia. Para la psicóloga Pilar Bahena, los infantes en sus primeros años de vida confunden realidad y fantasía, pues intentan identificar sus fantasías con la experiencia adquirida y con los conocimientos que han obtenido sobre el medio.

Fuente: Apuntes del curso de cuentacuentos de Euroinnova

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