La calidad de las lenguas y, por tanto, la de sus escritores, tiene “distinto interés, gusto e imaginación para dar más o menos fuerza y verdad a sus expresiones”. Para Campmany, aunque la realidad sea una, existen distintos modos de aprehensión de ésta, según los autores y sus lenguas; esta idea (la del carácter de las lenguas y de las naciones) revela al autor como heredero de las ideas enciclopédicas de su tiempo, pues, como él dice, “las obras traducidas no deben destinarse tanto para enseñarnos a hablar cuanto para mostrarnos cómo hablan los demás”. Según él, el traductor debe evitar “todos los idiotismos usuales” y buscar sus equivalentes.

De este modo llegamos al núcleo del razonamiento lingüístico de Campmany, quien distingue tres “caracteres” de la lengua:

El primero es el carácter gramatical o lógico, el segundo es el usual y el tercero es el moral, que incluye al figurado o poético […]. Por carácter lógico entiendo el mecanismo de la frase, que naciendo del orden con que se encadenan las ideas en la proposición, forma la construcción o sintaxis propia de cada lengua […]. por carácter usual entiendo aquellas excepciones que la necesidad h apuesto en los principios generales del arte de hablar para evitar la oscuridad o la ambigüedad en la enunciación de ciertas Naciones […]

Por carácter o genio moral de un alengua entiendo aquella casta de frases en que la elección de ciertas imágenes, de ciertos signos de comparación y la preferencia de ciertas voces físicas muestran la influencia del genio de la nación sobre el lenguaje.

Se detiene en este último Campmany para introducir consideraciones extralingüísticas, pero de carácter cultural e histórico, como la educación y el uso, que explican las diferencias entre las lenguas, y da por sentado que el “idioma francés se ha hecho en este siglo intérprete de los conocimientos humanos” y, en particular, del “idioma de las ciencias”. El criterio etimologista de Campmany (al igual que el francés ha creado sus términos científicos a partir del griego y del latín, así puede crearlos el castellano, viene a decir) se combina con la aceptación de formas locales, términos extranjeros y préstamos o formaciones híbridas, tal y como bien señala Fernández Díaz.

El Arte… de Campmany, como también  su Nuevo Diccionario después o su Filosofía de la elocuencia (1777), es una de las escasas obras técnico-prácticas del siglo que tratan el tema de la traducción desde vertientes lingüísticas, literarias y culturales. Campmany tiene en cuenta factores como el uso de los hablantes, la normativa gramatical o el estilo de las obras y de los autores, y todo ello en un momento de gran interés por la lengua francesa y de gran contacto con su sultura (estudiantes, inmigración, libros, prensa, etc., son algunas de las razones últimas de semejante irradiación cultural. Su obra deja atrás- o a un lado, al menos- los antiguos debates sobre la traducción y enuncia algunos de su sprincipios modernos; inscribe, en definitiva, la actividad traductora en el proceso de la cultura contemporánea, y no lo hace mediante una vía preceptiva, sino a partir de resultados empíricos y agudas observaciones lingüísticas y literarias.

Fuente: Aproximación a una historia de la traducción en España. José francisco Ruíz Casanova

Paula Lara Domínguez

Docente y traductora 

paulalaradominguez@gmail.com

(+34) 655301305

laratranslations.webnode.es

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