Los rituales forman parte de la vida humana desde sus inicios. El origen y la evolución de los primeros rituales estaban relacionados principalmente con las situaciones existenciales, la supervivencia, el miedo, la ansiedad y la toma de decisiones importantes (Zita, Stasova, 1999). Muchas actividades tienen el ritual en su naturaleza, razón por la que muchos autores establecen nuna tipología variada de rituales en sus publicaciones, como van Gennep (2004), Keller (1997), Zita y Stasova (1999) y otros.

Los rituales son comportamientos simbólicos en los que resulta de suma importancia la repetición y los estereotipos. Su sentido depende del momento vital en que se origine, pero por lo general ayudan a reducir la ansiedad, a encontrar certezas y a superar crisis. De igual modo, son los una parte importante de la sociedad, de todos los grupos sociales, a la que dotan de fuerza y unidad. Los rituales dan orden a la vida, fortalecen las relaciones y, tal y como menciona Zita (1999) “ayudan a una mayor cohesión social (rituales de familia, de vecindario, de escuela, de estudio, militar, deportivos, cívicos, federales, rituales de grandes organizaciones)”.

El concepto de ritual en el ámbito docente se suele utilizar tanto en ámbitos profesionales como en los no profesionales. Se suele considerar como una especie de rito de paso (Kaskak, 2007; Babyradova, 2002, van Gennep, 2004, Mc Cadden, 2004 y otros).

Por lo general, tanto los rituales como las ceremonias son un tipo de actividad social. Los sociólogos a menudo se refieren a un ritual o a una práctica religiosa que se repite a menudo y de conformidad a unas normas establecidas o en virtud de un objetivo compartido más profundo (Calhoun, Light, Keller, 1994).

De lo anterior se deduce que los rituales ocupan un lugar privilegiado en el desarrollo de un individuo. Se nos presentan por primera vez en nuestros primeros años, en los que dichos rituales están relacionados en gran medida con la madre y con su entorno más inmediato. En esta etapa se trata de pequeños rituales que se centran en la repetición de funciones corporales y el dominio de ciertas funciones motoras y son muy importantes para el niño ya que fortalecen determinadas pautas de comportamiento necesarias para su vida posterior. Existen ciertos rituales que a efectos docentes son muy útiles en el campo del “juego espontáneo”, que son aquellos juegos de índole repetitiva que buscan ideas tanto en el mundo habitual del adulto como en el de los cuentos de hadas (Babyradova, 2002). Dentro del desarrollo habitual de las personas son de gran importancia tanto los rituales de la etapa preescolar como los correspondientes a primaria. Tal y como señala Kaufmann-Hubber (2001) en estas etapas los rituales son de gran ayuda para:

1. Favorecer una mayor independencia con respecto a las figuras paternas (tan necesaria a lo largo de todo el desarrollo),

2. Favorecer la autonomía,

3. Permitir el goce de alcanzar los objetivos señalados

4. Desarrollar actitudes positivas con respecto al trabajo,

5. Crear el hábito de la constancia,

6. Facilitar el contacto con los compañeros,

7. Ayudar en la resolución de conflictos.

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