Los reinados de Juan II (1406-1454), Enrique IV (1454-1474) y los Reyes Católicos ocupan uno de los siglos fundamentales para explicarnos la historia moderna de España. A los acontecimientos histórico-políticos se suman, a lo largo de la centuria, otros de carácter cultural y lingüístico, que, en su conjunto, contribuyen en el cambio general que la vida española experimenta. Baste recordar, a modo de bosquejo, que el contacto con Italia se intensificará en este siglo, que la toma de Granada pone fin a la ocupación árabe, que la imprenta llega a la Península hacia 1470, que comienzan los viajes a América o que se publica la Gramática castellana de Nebrija.

La evolución de la lengua castellana en el siglo XV, debido tanto al hecho de ser lengua de uso literario como a las traducciones que se realizan y a las aportaciones procedentes de otras lenguas (latín e italiano, principalmente), la conduce a un segundo momento de consolidación que, como en el “castellano drecho” defendido por Alfonso X, demanda un estudio y norma más detallados. La lengua extenderá su ámbito geográfico a la par que van sucediéndose los hechos arriba mencionados, esto es, coincidiendo con una etapa de unificación de un ámbito cultural- el del humanismo- que comprende tanto el primer espíritu de la modernidad  como la búsqueda de las raíces culturales y de la tradición en la Antigüedad grecolatina. Este proceso, cuyo origen es obviamente Italia, se había iniciado tímidamente durante los siglos XIII y XIV en nuestro país, pero toma forma en el Cuatrocientos, con lo que el nuevo epicentro cultural deviene referencia obligada para nuestros escritores y artistas; la lectura de Dante, Petrarca y Bocaccio y sus traducciones sirven de puente cultural entre los autores clásicos y el nuevo humanismo peninsular.

La importancia del proceso esbozado es todavía mayor al ser éste paralelo al proceso de normalización y expansión de la lengua castellana. Lo que en los siglos anteriores había sido empeño individual de personajes como el arzobispo Raimundo, Alfonso X o Sancho IV, entre otros,  se convierte en el siglo XV en “forma o ideal de vida”. Las cortes de los nobles castellanos ya no compiten únicamente por cuestiones de tipo territorial o en disputas de poder, sino que la cultura también representa uno delos bienes sociales y de distinción; de ahí que ciertas formas de mecenazgo, el encargo de traducciones, la formación de bibliotecas, la compilación de cancioneros para uso propio o la dedicatoria de las obras nuevas- traducidas u originales- comiencen a contar como constituyentes de las convicciones aristocráticas. Un siglo más tarde, el tratado escrito por Baltasar de Castiglione, El Cortesano (1528), sintetizará las “formas elevadas del pensamiento”.

El siglo XV destierra de manera definitiva la disyunción que, a simple vista, pareciera que había imperado en la Edad Media; la fórmula armas o letras es sustituida por la conjunción de armas y letras.

Fuente: Aproximación a una historia de la traducción en España, José Francisco Ruíz Casanova

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