El conocido psicólogo Sigmund Freud define la fantasía como un “fenómeno inherente al pensamiento” y como una actividad psíquica que está en la base del juego del niño y en el arte del adulto”. Ambos conceptos de fantasía (arte y juego) ayudan al sujeto a superar conflictos emocionales y sociales que surgen en la vida diaria.

“No hablemos de buscar ya en el niño las primeras huellas de la actividad poética. La ocupación favorita y más intensa del niño es el juego. Acaso sea ilícito afirmar que todo niño que juega se conduce como un poeta, creándose un mundo propio, o, más exactamente, situando las cosas de su mundo en un orden nuevo, grato para él. Sería injusto en este caso pensar que no toma en serio este mundo; por el contrario, toma muy en serio su juego y dedica en él grandes afectos.

La antítesis del juego no es la gravedad, sino la realidad. El niño distingue muy bien la realidad del mundo y  su juego, a pesar de la carga de afecto con que los atura, y gusta de apoyar los objetos y circunstancias que imagina en objetos tangibles y visibles del mundo real. Este apoyo  es lo que aún diferencia el “jugar” infantil del “fantasear” (…) el poeta hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo fantástico y lo toma muy en serio; esto es, se siente íntimamente ligado a él, aunque sin dejar de diferenciarlo resueltamente de la realidad (…).

Cuando el niño se ha hecho adulto y ha dejado de jugar; cuando se ha esforzado psíquicamente, a través de decenios enteros, en aprehender, con toda la gravedad exigida, las realidades de la vida, puede llegar a una disposición anímica que suprima de nuevo la antítesis entre el juego y la realidad. El adulto puede evocar con cuánta gravedad se entregaba a sus juegos infantiles y, comparando ahora sus ocupaciones pretendidamente serias con aquellos juegos pueriles, rechazar el agobio demasiado intenso de la vida y conquistar el intenso placer del humor(…) El hombre que deja de ser niño, en lugar de jugar, fantasea, hace castillos en el aire; crea aquello que denominamos ensueños  o sueños diurnos” (Freud S., El poeta y los sueños diurnos, 1907-1908).

Así, Freud expresa la fantasía como una recreación artística, el paralelismo que existe entre los sueños diurnos adultos y el juego de los niños, especialmente el juego de roles, donde el niño juega a ser mayor mediante un rol profesional y familiar adulto, imitando la vida de éstos, sin esconderse ni avergonzarse. Por el contrario, el adulto sí se avergüenza de sus fantasías, pues las considera como una actitud infantil.

La fantasía surge de lo concreto y lleva al niño a modificar e inventar el entorno que le rodea, de la misma manera que Leonardo da Vinci creó un avión a partir de observar a los pájaros o Julio Verne escribió aventuras submarinas tras observar a los peces. Es fundamental para que un niño desarrolle normalmente su personalidad y es necesaria para que exprese su creatividad. No hace daño y en cambio sí estimula al ser humano.

Fuente: Apuntes del curso de cuenta cuentos de Euroinnova

Paula Lara Domínguez

Docente y traductora 

paulalaradominguez@gmail.com

(+34) 655301305

laratranslations.webnode.es

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Un comentario en “La fantasía según Sigmund Freud o la defensa de los soñadores diurnos como yo

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