Siguiendo a Clark, Dyson y Millward (1995), hablamos de perspectiva en términos de “un conjunto de puntos de vista, prácticas y estructuras que tienen un cierto denominador común“. No obstante, hay que asumir que las perspectivas, como las mentes, son complejas y cambiantes y están sujetas a la presión del grupo.

Ha sido Fulcher (1989) quien ha denominado “perspectiva individual” o “esencialista” en términos de Riddell (1996), al esquema que ha predominado en los responsables de organizar la respuesta educativa para el alumnado con discapacidad. Como iremos viendo, esta perspectiva conduce a dividir la población escolar en tipos de alumnos que han de ser enseñados de formas diferentes, por distinto tipo de profesorado y por lo general en ambientes separados.

Vemos con detalle las ideas o esquemas básicos en los que se podría resumir este enfoque (Ainscow, 1995):

  1. Se puede identificar a un grupo de alumnos como diferentes a la mayoría. Se asume que es posible y deseable diferenciar claramente a aquellos alumnos que necesitan ayudas especiales, de los que no las necesitan, y en consecuencia dividir la población escolar  en dos grupos diferenciados, uno de los cuales resulta entonces especial. Eso es, por otra parte, el enfoque que adoptan Binet y Simon (1905) en sus estudios sobre inteligencia y el inicio de un respaldo científico a toda una forma de entender el trabajo escolar en beneficio (sic) de los alumnos más vulnerables.
  2. Sólo este pequeño grupo de alumnos requieren ayuda especial. La educación especial tiende a organizarse en un esquema de todo o nada. Los que son considerados alumnos especiales tienen toda la ayuda adicional que cada sistema educativo puede prestarles. El resto del alumnado permanece en los centros ordinarios sin ningún sistema complementario de ayuda.
  3. Los problemas de estos alumnos son el resultado de sus deficiencias o limitaciones personales. Si un alumno tiene dificultades para aprender es porque él tiene algo mal, algún déficit o limitación que interfiere con el proceso de aprendizaje. Se trata de una importación del llamado método clínico; cualquier dificultad de aprendizaje es vista como un síntoma de un déficit individual que debe ser diagnosticado y tratado. Una cita de  nuestro propio Ministerio de Educación y Ciencia (1996) ilustra con claridad este presupuesto: “La mayor parte de los niños, adolescentes y jóvenes son capaces de seguir una escolarización normal que le ha de permitir superar con éxito la enseñanza primaria y acceder a la profesional, media, técnica o superior. Pero existe un cierto porcentaje de ellos que, al estar afectados por deficiencias o inadaptaciones de orden físico, psíquico, social o escolar, están incapacitados o tienen dificultades para seguir y completar los niveles, cuestionarios y programas establecidos para su edad. Algunos de éstos, afortunadamente en número escasísimo, sufren problemas tan graves, que no permiten en ningún caso y forma establecer para ellos programas educativos apropiados y precisan una atención exclusivamente asistencial”.
  4. Las ayudas especiales que precisan los alumnos especiales se prestan mejor en grupos homogéneos con idénticos problemas. Las ayudas especiales se concentran en escuelas especiales o clases especiales, desde donde se piensa que es posible ejercer una discriminación positiva, en la medida que se consigue un mejor ajuste educativo a las necesidades de este alumnado y se rentabiliza el coste de los especialistas y los recursos especiales que estos alumnos precisan. Esta educación debe ser responsabilidad de un profesorado también especialmente cualificado, en términos de conocimientos, destrezas y habilidades propias para trabajar con aquel.
  5. Una vez que un grupo es definido como especial, el resto de la población escolar puede considerarse “normal”. Separados  los alumnos especiales, se considera que el resto de los alumnos normales no precisan ninguna ayuda especial y, en consonancia, no se presta ninguna ayuda extra al profesorado y a los centros que trabajan con “alumnos normales”.

En resumen, podríamos decir que la visión de la educación especial desde estos principios refuerza la idea de que las dificultades del alumno son fundamentalmente internas y causadas principalmente por el déficit del alumno; tiende a sobrevalorar el papel de un tipo de diagnóstico centrado en tales déficits y en las tareas de clasificación de estos; deposita la responsabilidad del profesorado regular en su educación. También por ello tiende a reforzar la segmentación del alumnado a través de  la existencia de un sistema educativo especial, paralelo al ordinario, que concentra y acapara todos los recursos especiales del sistema.

Fuente:Educación para la inclusión o educación sin exclusiones. Gerardo Echeita

Paula Lara Domínguez

Docente y traductora 

paulalaradominguez@gmail.com

(+34) 655301305

laratranslations.webnode.es

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