Aun cuando, como hemos podido ver, la traducción fue una actividad cultural de amplia extensión a lo largo del siglo XIII, tanto en lo que hace a lenguas de las que se traduce, obras traducidas, escuelas o traductores empeñados en este esfuerzo, etc., no conservamos ni un solo testimonio escrito acerca de como se traducía, cuáles eran los objetivos de las traducciones o con qué dificultades se encontraban sus autores al trasladar los textos. Esta cuestión ha suscitado el interés de cuantos han estudiado y estudian dicho período, y se barajan sobre el particular varias tesis. Por un lado, pudiera considerarse la traducción como una tarea anónima o de carácter práctico, cuya función principal era la de proveer de obras diversas a las cortes de la época y a la nobleza; por otro, hay quienes quieren ver en la ausencia de textos sobre la traducción un cierto desinterés por el trabajo mismo o una extendida opinión acerca de la escasa importancia cultural que tenía el hecho de traducir. No debe olvidarse también que las traducciones en el siglo XIII, sobre todo desde la irrupción de la escuela alfonsí- aunque también antes- eran obras colectivas, con lo cual el sentido de la autoría pudiera quedar más o menos velado; no otra cosa sucede incluso con las obras originales, y no  puede escapársenos tampoco el hecho de que la gran mayoría de estos autores utilizaban con toda libertad las fuentes literarias latinas y árabes para sus libros. Así pues, cuando se alude al inicio de la “reflexión” traductora en la Península, los testimonios escritos en las diferentes lenguas (catalán, aragonés, castellano o gallego) no nos permiten retrotraer dicha datación más allá del siglo XIV. De 1367 es el prefacio a la traducción de la Historia troyana de Guido delle Colonne, realizada por Jaume Conesa; de 1835, el prólogo de Ferrer Sayol a su traducción al castellano de La Agricultura de Paladio; y de la última década del siglo el de Pero López de Ayala a las Flores de los Morales de Job.

Julio César Santoyo ha estudiado los rasgos que definen la traducción en el siglo XIV en la Península; determina este autor la necesidad de catalogación y análisis de las traducciones realizadas en esta centuria, así como también demuestra la proliferación y variedad que la actividad traductora adquirió, cosa necesaria para comprender en toda su extensión el desarrollo, mejor estudiado, que se experimenta durante el siglo XV. Santoyo señala un cambio de intereses por parte de los traductores- o de quienes encargan las traducciones- que contribuye en no poca medida a explicar la diversidad que se da en cuanto a lenguas, obras y lugares en los que se traduce para llegar, finalmente a las conclusiones que citamos a continuación.

  1. Que durante el siglo XIV se traduce abundantísimamente, sobre todo en Cataluña
  2. Que esta creciente actividad traductora no se centra ya en un acorte ni depende del patronazgo real, sino que aparece descentralizada y dispersa por toda la geografía peninsular
  3. Que por esta misma dispersión la traducción se consolida en todas las lenguas romances
  4. Que durante este siglo desaparece el predominio del árabe como lengua de origen y los textos árabes de siglos anteriores se ven ahora sustituidos por textos mayoritariamente latinos o griegos
  5. Que se inicia también al término de este período la reflexión y crítica traductoras; y
  6. Se inician las traducciones de otras lenguas romances; comienzan las traducciones intrapeninsulares

El abandono del árabe como lengua de partida es entendido como una muestra o voluntad de europeización; no obstante, no debemos olvidar que fue precisamente aquella lengua la que, como sostiene Menéndez Pidal, sirvió en muchos casos de eslabón entre la cultura clásica y la peninsular , sobre todo en lo que se refiere a las obras y autores griegos. En dicho abandono inciden también hechos  de carácter histórico, como la cada vez menor presencia de los árabes y su cultura en la Península y otros de carácter lingüístico, ya que las lenguas romances van consolidándose como lenguas formadas, sobre todo, en los siglos que van del XIII al XV y, obviamente, a dicho proceso contribuye- y mucho- la traducción. También podría añadirse que los cada vez más frecuentes viajes a Italia por parte de nobles y representantes de las cortes peninsulares a Italia son un factor decisivo no sólo del intercambio cultural, sino de cierta sintonía prehumanista cuya inspiración se advierte consolidada en el Trecento y el Quatroccento.

De la variedad y riqueza de las traducciones del siglo XIV bien pueden dar testimonio los nombres de los autores vertidos al romance: Séneca, Boecio, Ovidio, San Agustín., San Gregorio y Boccaccio, por ejemplo. Por otra parte, también de este siglo son las dos versiones del Antiguo Testamento en romance castellano, conservadas en tres copias manuscritas de El Escorial y que datan del mediados y finales de la centuria, según todos los estudios.

Pues bien, a pesar de la importancia que la traducción tuvo en este siglo y a pesar de lo necesario que resulta establecer y fijar todos aquellos acontecimientos- literarios o no- que nos permiten historiar dicha actividad, la dispersión y escasez de estudios es en este caso francamente notable.  Ni Pellicer y Saforcada, en el siglo XVIII, ni Menéndez Pelayo, a finales del siguiente, incluyeron en sus Bibliotecas de traductores el nombre ni las obras de ninguno de los que se dedicaron a la traducción en el siglo XIV, de tal manera que, hasta hace relativamente pocos años, se tenía la falsa impresión de que existía un vacío de más de un siglo (desde la corte alfonsí hasta las traducciones humanistas del siglo XV) en la historia de la traducción en España, un siglo que, como sostiene Santoyo, es fundamental para explicarnos la evolución de aquélla y, sobre todo, para datar el comienzo de una nueva actitud del traductor, quien en prólogos, preliminares o dedicatorias se ve impelido, más o menos retóricamente , a exponer cuál ha sido su método de trabajo y cuáles son sus ideas sobre la traducción

Fuente: Aproximación a una historia de la traducción en España, José Francisco Ruíz Casanova

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