El esquema corporal es el entramado de percepciones, movimientos y conceptos verbales archivados como representaciones del cuerpo en relación con el espacio circundante y en los ejes de simetría que definen al mismo cuerpo dentro de ese espacio. Un esquema corporal bien establecido supone conocer la imagen del propio cuerpo, saber que ese cuerpo forma parte de la identidad de uno; percibir cada parte, pero sin perder la sensación de unidad; conocer las distintas posiciones que el cuerpo va adoptando y, finalmente, anticipar (operando con representaciones) todas las nuevas posiciones que se pueden adoptar, así como las consecuencias que estas posiciones y secuencias de movimientos pueden tener sobre el mismo cuerpo o sobre el entorno.

Los progresos que se dan en la construcción del esquema corporal se manifiestan de múltiples maneras y en muchos ámbitos. Uno de ellos es la representación de la figura humana que aparece tan frecuentemente en los dibujos infantiles. Desde luego, el esquema corporal es mucho más que el dibujo de la figura humana, porque es sobre todo acción con el cuerpo sobre el medio y acción del medio sobre el cuerpo, es observación de los demás e interacción con ellos y contemplación de uno mismo, es hablar sobre el cuerpo y hacer cosas con él. Es, en fin, el producto de la reiterada interacción entre las capacidades que la maduración va abriendo y las que la estimulación educativa va concretando.

Para terminar, merece la pen a reiterar que la construcción del esquema corporal no se hace de una vez, sino por un proceso de mejora gradual y de integración de experiencias que es necesariamente lento. Del nacimiento a los 6 años la construcción del esquema corporal está en plena elaboración: los niños aumentan la calidad y discriminación perceptiva respecto a su cuerpo; enriquecen el repertorio de elementos conocidos, así como la articulación entre ellos; y el desarrollo de las habilidades motrices al que antes se ha hecho referencia facilita la exploración del entorno y la acción en él y sobre él. Sin embargo, una verdadera construcción del yo corporal como representación simbólica integrada y coherente no se da, aproximadamente, hasta los 5 años, cuando los diversos elementos se articulan e integran conscientemente en todo, el movimiento se comienza a “reflexionar” y el proceso  de lateralización proporciona referentes estables. Comienzan a sentirse los ejes corporales y el mundo puede organizarse con referencia a la posición del cuerpo: lo que queda delante y lo que queda detrás, a la derecha y a la izquierda, arriba y debajo. Los ladrillos bien colocados, la construcción queda terminada. O, mejor dicho, queda lista para seguir construyendo a partir de ella.

Fuente: Educación Infantil. Respuesta educativa a la diversidad; Gema Paniagua y Jesús Palacios

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