Como aprenden a caminar o a comer solos o a colaborar en ponerse y quitarse la ropa, los niños tienen que aprender a controlar los esfínteres que dan salida a su orina y a sus heces. Y se trata de un aprendizaje que no puede hacerse antes de que se den ciertos prerrequisitos madurativos y que tiene momentos y condiciones óptimas para llevarse a cabo. Y también en este caso, las variaciones entre unos niños y otros serán muy notables, habiendo algunos muy precoces, otros promedio y otros más lentos en la adquisición del control voluntario. También en este caso es conveniente recordar que un control más precoz o más tardío no debe interpretarse como señal de capacidades mayores o menores, o de una precocidad o retraso generalizados. Se dice a veces que las niñas son más precoces que los niños en esta adquisición, pero la realidad es que las diferencias dentro de un mismo sexo (las diferencias entre niños y niñas).

Es frecuente que se controlen primero las heces y luego la orina y es norma general que el control durante el día se logre antes que el nocturno. Pero lo que quizá más llama la atención es la variabilidad en las edades en que aparece el control de esfínteres. Aunque hay algunos que están listos desde los 18 meses para empezar a intentarlo, la mayor parte de los niños logran el control entre el segundo y el tercer año; con u poco más de precisión: entre los 20 y los 40 meses. A algunos les cuenta un poco más y hay incluso en torno a un 10% que tiene dificultades hasta los 6 años, particularmente durante la noche (algunos de los cuales vienen de familias con antecedentes de cama tardíos). El control más precoz o más tardío no obedece a la voluntad infantil, sino que están en él implicados elementos madurativos y, en ocasiones, factores emocionales.

La adquisición del control tiene una serie de prerrequisitos. El niño al que vamos a ayudar a controlarse debe conocer y entender el significado de unas cuantas palabras clave (pis, caca, mojado, sucio, pañal, orinal, váter). Tiene que ser capaz de asociar sensaciones (estar mojado, estar sucio) con los términos pis y caca. Tiene que haber visto a otros hacer esas cosas en el lugar apropiado, con las palabras adecuadas y con y con las explicaciones adecuadas. Tiene que ser capaz de darse cuenta de que hay sensaciones que ocurren antes de mojarse o ensuciarse y que ése es el momento para ponerse a ello o para pedir ayuda a los demás. Al principio se darán cuenta cuando el hecho esté ocurriendo, pero poco a poco serán capaces de anticiparlo con tiempo suficiente como para que dé tiempo a llegar.

Como ocurre con tantas cosas, al niño se le puede facilitar el aprendizaje o dificultárselo. Si alguien tuviera la aviesa intención de conseguir que un niño o una niña tuviera dificultades para aprender a controlarse, debería hacer cosas como tener prisa (presionando, diciendo que tiene que hacerlo por fuerza en un momento determinado…), usar amenazas, riñas, castigos o gritos (lo cual genera una tensión y frustración en el niño que va a provocar accidentes más fácilmente que a evitarlos), ridiculizar en público a quien tiene problemas (usando las odiosas comparaciones con quienes van por delante , como si el niño disfrutara de ir retrasado), sentarle en el orinal o váter a la fuerza (si lo que hay que expulsar no está listo, de poco servirá, excepto de frustración y aburrimiento). Las personas normales tienen la intención de ayudar, no de perjudicar, por lo que harán justamente lo contrario: tener paciencia, usar sobre todo la alabanza cuando se produce algún logro, no presionar al niño con amenazas que le provocan tensión y confusión, no tirar nunca el pis o la caca sobre la autoestima del niño, tratar de identificar momentos en que sentarle sobre el receptáculo puede producir algún éxito…

Dar de comer a un bebé no es más educativo ni menos que limpiarle cuando se ensucia. Y lo mismo se puede decir respecto a estimular su gateo o sus destrezas manipulativas o su capacidad para distinguir entre lo que está cerca y lo que está lejos. Para quienes se han incorporado hace poco al grupo de 3 años y aún no han alcanzado un control suficiente, una correcta atención al logro del control que están a punto de conseguir es tan importante como una correcta estimulación de su lenguaje o su autoestima. En manos de los profesionales de la educación, la limpieza del niño forma parte del repertorio de situaciones que pueden utilizarse a favor o en contra del afectado. Y lo lógico es utilizarla a su favor. La imagen corporal, el sentimiento de eficacia y competencia profesional (la autoestima) pueden salir fortalecidas o debilitadas de un aprendizaje que en la mayor parte de los casos se logra fácilmente con un poco de paciencia, con buena atención educativa y con coordinación entre la familia y el medio escolar. Resultaría chocante que una escuela de infantil o colegios integradores, capaces de incluir a los niños que presentan problemas evolutivos o educativos de cierta consideración, no pudiera soportar unos meses de espera hasta que el control de esínteres quedara establecido durante el día.

Fuente: Educación Infantil. Respuesta educativa a la diversidad; Gema Paniagua y Jesús Palacios

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