Si el objetivo del azar en cuanto a generar nuevas ideas es proporcionar una oportunidad para buscar algo que de otra manera no se habría buscado, entonces debe de haber métodos para estimular este proceso. Jugar es probablemente el método ideal, No obstante, debe hacerse de una forma verdaderamente gratuita, sin propósito ni intención. Igual que un experimento diseñado minuciosamente es un intento de acelerar la naturaleza en el camino de la investigación lógica, jugar es un intento de estimular la aparición casual de fenómenos que de otro modo no se buscarían. Jugar es experimentar con el azar. Bajo ningún concepto resulta fácil jugar de esta manera, ya que los esfuerzos intencionados y concienzudos inmanentes al juego frustran su propósito.

La inutilidad misma del juego es su mayor atractivo. Es esta libertad de intenciones y compromisos lo que permite que la casualidad yuxtaponga las cosas que no se darían de otra manera y que forma una serie de casualidades que tampoco se darían de otro modo. La aparente inutilidad de jugar de forma natural desanima a la gente a hacerlo. Los pensadores verticales se avergüenzan de jugar, pero la única vergüenza es su incapacidad de jugar.

¿Por qué los niños dejan de jugar? Se podría deber al hecho de que el mundo pasa de ser un lugar desconocido en el que suceden cosas maravillosas a un lugar conocido en el que hay una explicación adecuada para todo. Tal vez sea ese aburrimiento por la familiaridad superficial lo que detiene el juego en los niños. Pero si uno no se conforma con explicaciones simplistas, entonces puede que las cosas nunca sean lo bastante conocidas como para que se vuelva aburrido. Tal vez se dé el caso de que pongan freno al juego adultos dominados por la lógica que señalan su inutilidad y que identifican el crecimiento con la responsabilidad de comportarse de forma útil.

Durante el juego surgen espontáneamente ideas que dan lugar a otras ideas. Las ideas no se suceden las unas a las otras en una progresión lógica; pero si la mente no intenta controlarlas y tiene la suficiente curiosidad para seguirlas, siempre habrá ideas de sobras (demasiadas, como suele pasar). Las ideas no resultan útiles de forma inmediata, sino que suelen serlo a posteriori. Aunque no se produzca ninguna idea concreta, el hecho de familiarizarse con una situación que se da al jugar puede proporcionar una experiencia de lo más útil para el desarrollo de futuras ideas.

Fuente: El pensamiento lateral práctico.Edward de Bono

 

Paula Lara Domínguez

Docente y traductora 

paulalaradominguez@gmail.com

(+34) 655301305

laratranslations.webnode.es

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