Silencio. Escucha de uno mismo. Respeto hacia uno mismo, respeto hacia el otro. El ser humano lleva todo consigo, solo hace falta redescubrirlo, permitir que surja. Confianza y amor es la lección que aprendí de Ute Strubb, principal continuadora del trabajo de Elfriede Hengstenberg, cuando tuve la suerte de asistir al curso que dio en Barcelona en Junio de 1993.

La mayoría de los asistentes al curso  de Ute éramos maestros de escuela, profesionales de trabajos corporales y algún pediatra, expectantes ante qué nos iba a enseñar. Nada dentro de lo convencional. Ni un apunte, ni una lección magistral. Solo el experimentar con tu cuerpo a partir de sus propuestas. Y ahí está la maestría, aprender sin que te enseñen directamente. Sentir como tu cuerpo va recibiendo información clara. Aprender sin que te dicten, sin tener la posibilidad de imitar al animador; sentirte libre en tu propia evolución, que es distinta de la evolución del otro.

Ute pone  medios, el niño los descubre. En aquellos días, nosotros, los adultos, lo redescubríamos. Ute crea un ambiente propicio para que experimentes continuamente y así tu cuerpo va reorganizándose  para encontrar su movimiento más armonioso y su postura más justa: en el estar de pie, el estirarse, el gatear, el estar sentado, el andar, el subir y bajar escaleras; en todas las acciones más cotidianas y que a menudo resultan tan dificultosas.

Hay un gran rigor  en el trabajo de Ute Strubb; cada momento es importante para crecer. Atención. Observación. Escucha. Creación. Permitir el despliegue de este crecimiento. No son solo unas horas diarias las que dedicas al trabajo con tu cuerpo, sino que éste siempre te acompaña y en todo momento das y recibes información de él. Vas encontrando tu propia forma de hacer, de estar e incluso de ser. Presencia. Belleza. Armonía.

En la entrada de la sala había un ramo de flores muy bonitas en un jarrón de cristal. Ute las miró y con su delicada voz  preguntó a los que allí estábamos “¿Qué diría mi maestra Hengstenberg de estas flores?”

Cada uno dijo lo que creía que destacaba en ellas: “Que tienen un color muy bonito”. “Que dan alegría a la sala”. “Que huelen muy bien”.

“Que no pueden respirar, contestó ella. Hay demasiadas en el jarrón”. Las cogió y las arregló.

Así es Ute Strubb. De una sensibilidad y un sentido común aplastantes. Y básicamente dedicada absolutamente a permitir que todo respire con la máxima amplitud y libertad. Respirar es vivir.

Fuente: Desplegándose. Elfride Hengstenberg

Paula Lara Domínguez

Docente y traductora 

paulalaradominguez@gmail.com

(+34) 655301305

laratranslations.webnode.es

 

 

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