Sobre el fondo del constructivismo han ido surgiendo muchos críticos y reformadores. Por ejemplo:

  1. Rousseau (1780) se oponía a la instrucción excesivamente verbal que observaba.
  1. Froebel (1885) insistía en que la meta de la educación no puede imponerse al estudiante porque cada persona es como una planta que se despliega.
  1. Dewey (1902) se oponía a la fragmentación del currículo en asignaturas y lecciones y afirmaba que debería enraizarse en los intereses de cada estudiante .

Más recientemente hemos asistido a una avalancha de protestas procedentes de autores como Dennison (1969), Goodman (1962), Herndon (1968), Holt (1964), Kohl (1967) y Silberman (1970). Estos autores basan sus creencias pedagógicas en la observación empática y la opinión, y no en una teoría científica. Sin embargo, en su filosofía pueden reconocerse, de manera inequívoca, algunos elementos del constructivismo.

La mayoría de los reformadores han dirigido escuelas pequeñas y marginadas que no han durado mucho tiempo. La razón de esta marginación es que las convicciones de los reformadores se han basado en opiniones personales y no en una teoría científica, lo que ha dado como resultado que

  1. No hayan podido convencer a la mayoría de los educadores profesionales, y
  1. No hayan podido desarrollar ni evaluar sus propias enseñanzas con rigor teórico.

El Eight Year Study (Aiken, 1942) constituye una desatacada excepción. Con frecuencia se producían desavenencias entre los adeptos , sobre todo tras la muerte del líder. Si carecen de fundamento científico, todas las opiniones valen igual. Si se emprende una reforma, ésta debe ir más allá de las opiniones personales porque éstas no bastan para cambiar la mentalidad de la aplastante mayoría que abriga creencias empiristas. Sin un fundamento científico, la opinión no convencional de unos cuantos idealistas sólo puede verse como la opinión de una minoría o una moda pasajera. La filosofía de “volver a lo fundamental” y “volver a la disciplina estricta” siempre ha sobrevivido en la corriente principal de la educación.

Fuente: Juegos colectivos en la primera enseñanza, Constance Kamii y Rheta DeVries

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