Retomo este blog que con cariño empecé. Estoy feliz porque he vuelto a recibir encargos de traducciones y a enseñar idiomas en una academia cerca de mi casa de Alcalá de Henares, marco incomparable para frikis de la lengua y de la historia, como yo.

Bueno pues… la respuesta a la pregunta del título es muy sencilla: para cubrir una carencia que puede afectar a un individuo (por ejemplo, un investigador o alguien que está escribiendo su tesis) o a un colectivo (es necesario un mismo idioma para que se pueda intercambiar información). Es decir, en un principio puede decirse que traducimos porque desconocemos la lengua de origen y desde un punto de vista filosófico podemos decir que sirve para cubrir la necesidad común del género humano de ser universal y de alcanzarlo todo ya que, como Steiner apunta, la traducción “abole la multiplicidad y reúne las distintas versiones del mundo”.

Porque con ello se rompe la barrera del idioma y del tiempo. Al traducir, de hecho, comprobamos que  pasado y presente, que dos culturas distintas, quedan unidas para transmitir los diferentes conocimientos disponibles, puesto que toda lectura del pasado es ya de por sí una traducción y la posterioridad del texto traducido es su esencia lógica.  Ambas culturas, la de partida y la receptora, no importa tiempo o idioma, se empapan y transmiten conocimientos por encima de lo igual o lo diferente y más allá del marco lingüístico o cultural en el que estén inscritos los transmisores.

Eso sí,  la cultura hacia la que está dirigida la traducción puede recibir de buen grado o rechazar la nueva información.  De hecho en la historia de nuestro idioma muchas veces han surgido movimientos literarios novedosos a raíz de la tensión existente entre quienes creen que se debe preservar el lenguaje tan libre de influencias como sea posible y los defensores de la novedad frente a todo lo demás.

Por todo ello vemos que la actividad traductora se ve afectada por cuatro elementos que provocarán que la traducción tenga un sabor u otro:

  1. La cercanía. Es decir, cuanto más cercanos sean el original y la traducción mejor reflejados estarán los matices y las referencias culturales (en teoría).
  2. El conocimiento que tengamos de la materia (ya sea el autor en el caso de la traducción literaria, o la medicina o el derecho en otras especialidades). Cuanto mayor conocimiento vayamos adquiriendo de la materia, mayor será el dominio del lenguaje que aplicaremos en la traducción.
  3. Cuando traducimos siempre nos moveremos entre dos extremos: una reescritura total o una traducción palabra por palabra y tendremos que elegir todo el rato entre opciones intermedias y eso es lo bonito de la traducción ¡que nunca se acaba!

Referencia: Aproximación a una historia de la traducción en España, José Francisco Ruíz Casanova

Paula Lara Domínguez

Escritora, traductora y profesora de idiomas

CARTEL CLASES PARTICULARES

 

 

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