La gente creativa

La creatividad infantil comienza desde los primeros trazos gráficos que el niño realiza, inventando y creando sus propias formas. Esta expresión gráfica es una herramienta fundamental para conocer las emociones, sentimientos y deseos del niño, factores que en la mayoría de los casos no pueden expresarse oralmente. Un claro ejemplo de ello lo encontramos en el “Test del árbol” creado por el doctor en psicología y profesor de la Universidad de Granada, José María Cid Rodríguez. Este sencillo test consiste en la expresión gráfica de un árbol; a partir de ahí y atendiendo a los diferentes rasgos plasmados en el dibujo, se podrán interpretar las características psicológicas internas del sujeto. Son muchos los autores que coinciden en usar el recurso lúdico como forma de expresión libre más evidente, pues es la producción espontánea del niño y la imitación.

“Llamamos tarea creativa a toda actividad humana generadora de algo nuevo, ya se trate de reflejos de algún objeto del mundo exterior, ya de determinadas construcciones del cerebro o del sentimiento que viven y se manifiestan únicamente en el ser humano (…) Toda actividad humana que no se limite a reproducir hechos o impresiones vividas, sino que cree nuevas imágenes, nuevas acciones, pertenece a la función creadora”. (Vygotsky. La imaginación y el arte en la infancia, 1934).

Los niños tienen dentro de su imaginación un mundo de fantasías, formado por la experiencia vivida. Al igual que cualquier adulto, el pequeño necesita expresar sus ideas de cualquier forma, es lo que a grandes rasgos llamamos creatividad. Para los de edad más infantil, esta creatividad no sólo es una vía para expresar sus ideas, sentimientos y emociones, sino que también es el camino ideal para conocer la realidad del mundo en el que viven. Por esto es tan importante desarrollar y estimular la creatividad a estas edades.

La imaginación creativa del niño va a depender de diversos factores, que diferenciarán la actividad de la imaginación entre el sujeto infantil y el adolescente. Según señala Vygotsky, la imaginación del niño es más rica que la del adulto, por tanto es en la infancia donde más desarrollada estará la capacidad de imaginación y fantasía. Así, en cada fase del desarrollo infantil, la imaginación va a tener un desarrollo peculiar y distintivo, en concordancia con la fase que atraviese, e irá descendiendo a medida que el sujeto crezca. Cabe destacar, como uno de los factores primordiales, la experiencia que el sujeto haya tenido previamente ya que serán acumuladas en él e irán aumentando progresivamente. Según Goethe, la fantasía infantil puede diferenciarse de la adolescente en que los niños más pequeños pueden hacer todo de todo gracias a la simplicidad y espontaneidad que los caracteriza.

Cuando se habla del origen de la creatividad, principalmente se hace referencia a la capacidad de origen genético, con la posibilidad de ser mantenida. Es cierto que el desarrollo neurológico humano está predeterminado. No obstante, también es cierto que está determinado por la herencia genética, de tal manera que la conexión de las neuronas puede ser muy diferente entre las personas. La capacidad creativa del sujeto comienza por un conjunto de posibilidades innatas y se conforma por las posibilidades que le brinde el entorno, como bien señalábamos anteriormente.

Hablar de creatividad no es lo mismo que hablar de fantasía, pues este último concepto hace referencia a algo fuera de lo común, conceptos no estructurados e irracionales. La palabra creatividad la podemos entender como una actitud que todos poseemos, en mayor o en menor grado, para crear ideas y soluciones nuevas.

Fuente: Apuntes del curso de cuenta cuentos de Euroinnova

Paula Lara Domínguez

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La traducción en España en el siglo XIV (II)

Julio César Santoyo ha estudiado los rasgos que definen la traducción del siglo XIV en la Península, determina este autor la necesidad de catalogación y análisis de las traducciones realizadas en esta centuria, así como también demuestra la proliferación y variedad que la actividad traductora adquirió, cosa necesaria para comprender en toda su extensión el desarrollo, mejor estudiado, que se experimenta durante el siglo XV. Santoyo señala un cambio de intereses por parte de los traductores- o de quienes encargan las traducciones- que contribuye en no poca medida a explicar la diversidad que se da en cuanto a lenguas, obras y lugares en los que se traduce, para llegar, finalmente, a las conclusiones que citamos a continuación:

1. Que durante el siglo XIV se traduce abundantísimamente, sobre todo en Cataluña

2. Que esta creciente actividad traductora no se centra ya en una corte ni depende del patronazgo real, sino que aparece descentralizada y dispersa por toda la geografía peninsular.

3. Que por esta misma dispersión la traducción se consolida en todas las lenguas romances.

4. Que durante este siglo desaparece el predominio del árabe como lengua origen y los textos árabes de siglos anteriores se ven ahora sustituidos por textos mayoritariamente griegos o latinos.

5. Que a través del aragonés se inician las traducciones del griego.

6. Que se inicia también al término de este período la reflexión y crítica traductora; y

7. Se inician las traducciones de otras lenguas romances; comienzan las traducciones intrapeninsulares.

El abandono del árabe como lengua de partida es entendido como una muestra o voluntad de europeización; no obstante, no debemos olvidar que fue precisamente aquella lengua la que, como sostiene Menéndez Pidal,sirvió en muchos casos de eslabón entre la cultura clásica y la peninsular, sobre todo en lo que se refiere a las obras y autores griegos. En dicho abandono inciden también hechos de carácter histórico,como la cada vez menor presencia de los árabes y su cultura en la Península y otros de carácter lingüístico, ya que las lenguas romances van consolidándose como lenguas formadas, sobre todo en los siglos XIII al XV y, obviamente, a dicho proceso contribuye, y mucho, la traducción. También podría añadirse que los cada vez más frecuentes viajes a Italia por parte de nobles y representantes de las cortes peninsulares son un factor decisivo no sólo del intercambio cultural sino de cierta sintonía prehumanística cuya inspiración se advierte consolidada en el Trecento y el Quattrocento.

Fuente: Aproximación a una historia de la traducción en España. José Francisco Ruíz Casanova

Paula Lara Domínguez

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La traducción en España en el siglo XIV

Aun cuando, como hemos podido ver, la traducción fue una actividad cultural de amplia extensión a lo largo del siglo XIII, tanto en lo que hace a lenguas de las que se traduce, obras traducidas, escuelas o traductores empeñados en este esfuerzo, etc., no conservamos ni un solo testimonio peninsular escrito acerca de cómo se traducía, cuáles eran los objetivos de las traducciones o con qué dificultades se encontraban sus autores al trasladar los textos. Esta cuestión ha suscitado el interés de cuantos han estudiado y estudian dicho período, y se barajan sobre el particular varias tesis. Por un lado, pudiera considerarse la traducción como una tarea anónima o de carácter práctico, cuya función principal era la de proveer obras diversas a las cortes dela época y a la nobleza; por otro lado, hay quienes quieren ver en la ausencia de textos sobre la traducción un cierto desinterés por el trabajo mismo o una extendida opinión acerca de la escasa importancia cultural que tenía el hecho de traducir. No debe olvidarse también que las traducciones en el siglo XIII, sobre todo desde la irrupción de la escuela alfonsí- aunque también antes- eran obras colectivas, con lo cual el sentido de la autoría pudiera quedar más o menos velado; no otra cosa sucede incluso con las obras originales, y no puede escapársenos tampoco el hecho de que la gran mayoría de estos autores utilizaban con toda libertad las fuentes literarias latinas y árabes para sus libros. Así pues, cuando se alude al inicio de la “reflexión” traductora en la Península, los testimonios escritos en las diferentes lenguas (catalán, aragonés, castellano o gallego) no nos permiten retrotaer dicha datación más allá del siglo XIV. De 1367 es el prefacio a la traducción dela Historia Troyana de Guido delle Colonne, realizada por Jaume Conesa; de 1385, el prólogo de Ferrer Sayol a su traducción al castellano de la Agricultura de Paladio; y de la última década del siglo el de Pedro López de Ayala a las Flores de los Morales de Job.

Fuente: Aproximación a una historia de la traducción en España. José Francisco Ruíz Casanova

Paula Lara Domínguez

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Mester de juglaría y de clerecía y Alfonso X

 

Tanto el llamado mester de juglaría (esto es, los poemas épicos y el posterior desarrollo romancístico) como el mester de clerecía aportan en sus obras un contenido que se presenta como cercano a la verdad,bien sea histórica, bien sea piadosa. El poema épico o la vida de un santo son el relato en verso de una historia real y la propuesta de unos ejemplos de vida, de un modelo de conducta que puedo tomarse por modelo de vida para lectores u oyentes del texto. La función ejemplar de la literatura en la Edad Media es esencia y causa primera de su difusión, y esto vale tanto para estas composiciones digamos más reales, como para las colecciones de de exempla o cuentos moralizantes que son adoptados por el Arcipreste de Hita o por don Juan Manuel. Obviamente esto podría decirse de otras formas literarias y de otros tiempos, pero adquiere mayor relevancia al darse en una época plenamente formativa de la lengua.

La aportación literaria, lingüística e histórica de Alfonso X constituirá, para este proceso de desarrollo, la plasmación de un programa ambicioso en el que la lengua no se aísla de su entorno inmediato (árabe y hebreo) ni de su origen histórico (latín), cuestión ésta que ya sabemos, no representa sólo un intento- lingüístico y humanístico, en definitiva- de conferir al castellano calidad literaria, sino también un estructurado plan encaminado a proveer a la lengua de contenidos científicos e históricos.

La literatura didáctica o moral y la prosa histórica del siglo XIV, así como los géneros literarios del siguiente siglo- tales como la novela caballeresca, la novela sentimental, la poesía latinizante y la poesía de cancionero-, irán labrando, desde esa doble vertiente señalada (lo culto y lo popular), el advenimiento del castellano a la categoría de lengua literaria. En este largo proceso, que comprende de los siglos XIII al XV, la traducción fue un instrumento más en el desarrollo de la lengua y literatura castellanas, tanto en la vertiente de enriquecimiento lingüístico estudiada por García Yebra como en cuanto a cultura receptora de obras literarias de otras lenguas.

Fuente: Aproximación a una historia de la traducción en España. José Francisco Ruiz Casanova

El medievo (III)

Durante el período que va de los siglos XI al XIII, los romances peninsulares- y, entre ellos el primitivo castellano- son influidos de manera regular por las lenguas galas, occitana y provenzal. Se trata, fundamentalmente, de aportaciones léxicas que tienen su ámbito de aplicación en el mundo cortés de la nobleza y los monasterios (mesón, manjar, homenaje, deleite y que penetran en el romance por varias vías: la peregrinación por el norte de la Península a Santiago, algunos movimientos migratorios de la población y las bodas reales. De entre las adquisiciones destaca, por su extensión y uso, el apócope de la e final en términos como cort, part, etc. y que será uno de los rasgos léxicos de la poesía épica medieval.

Por lo tanto, en su etapa primera de formación, los romances peninsulares, y en concreto el castellano, se vieron enriquecidos gracias al contacto con otras comunidades y otras lenguas. Por su enclave geográfico, la primitiva lengua castellana se vio favorecida por las influencias intrapeninsulares, que aportaban las lenguas que la rodeaban (gallego-portugués, astur-leonés, navarro-aragonés, catalán, árabe) como por las extrapeninsulares, procedentes entonces de Francia. Debe destacarse esta circunstancia en toda su magnitud, pues además de explicativa del origen de nuestra lengua, es un elemento más que debe tenerse en cuenta a la hora de evaluar la temprana actitud traductora que nuestros autores habrán de demostrar: no podemos olvidar que la traducción es, también, fuente de contactos culturales y génesis, en muchos casos, de influencias lingüísticas y literarias. Desde el siglo XIV, como se verá, el interés traductor se orienta hacia las lenguas clásicas, principalmente hacia el latín, de tal modo que la historia de la lengua registra durante los siglos XIV y XV una primera oleada de cultismos, léxicos en su mayoría, que será implementada durante los Siglos de Oro en el aspecto gramatical también.

Por último, habría que subrayar la profunda preocupación que escritores y eruditos del siglo XV manifiestan por la lengua castellana. Enrique de Villena, por ejemplo, en su arte de trovar incluye múltiples excursos teóricos en torno a la ortografía, la fonética y cuestiones léxicas; también Alfonso de Cartagena y Alonso de Palencia, este último en su Universal vocabulario (1490), tratan de la lexicografía; de hecho, el vocabulario de Palencia viene a ser un diccionario latín-castellano en el que se incluyen las equivalencias y las pertinentes observaciones etimológicas.

El último cuarto del siglo XV se reconoce como uno de los momentos cruciales en la evolución, desarrollo y expansión del castellano. Circunstancias históricas (el proyecto político de los reyes Católicos) unidas a otras como el descubrimiento de la imprenta y la redacción de la Gramática Castellana de Antonio Nebrija, a lo que cabría sumar la orientación literaria clásica de la literatura posterior, la implantación del castellano en los territorios americanos, etc., darán como resultado la consolidación de la lengua en un segundo período de normalización.

Fuente: Aproximación a una historia de la traducción en España. José Francisco Ruiz Casanova

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Medievo (II)

A partir del siglo VIII, con la llegada de los pueblos árabes, la dominación política y cultural, nunca culminada del todo y en toda la Península, dejará paso a una larga época de influencia y aportaciones culturales: astronomía, matemáticas, filosofía, medicina, arquitectura, agricultura, comercio y literatura dejarán su huella en la Península y en su romance, enriquecido- se estima- con más de cuatro mil términos. Pero las lenguas del Islam no se imponen, con lo que el romance sigue conformándose y se encuentra ya cercano a ser reconocible como lengua de la escritura hacia el siglo X.

Las muestras literarias más antiguas en romance, como sabemos, las jarchas. Éstas eran estribillos situados al final de una canción lírica, la moaxaja, escrita en árabe o en hebreo. Su descubrimiento tardío, en 1948, se debió al hecho de que estas composiciones estaban escritas, de manera uniforme, en caracteres arábigos o hebraicos; las más antiguas de entre las conservadas datan del siglo XI, y son una prueba más de la convivencia  intercultural – e interlingüística- de los pueblos árabes, hebreos y cristianos en la Península. Pero la evolución del romance no fue, como puede suponerse, homogénea ni unívoca. Cada zona desarrolló su peculiar evolución, partiendo del latín, de manera que hacia los siglos X y XI pueden distinguirse los siguientes dialectos: “Los dialectos eran al norte, el gallego-portugués, el leonés, el castellano, el navarro-aragonés y el catalán. Al sur los dialectos mozárabes que, aislados de los demás y cohibidos por el uso del árabe como lengua culta, tuvieron una evolución muy lenta en algunos aspectos” (García Yebra).

Los pueblos árabes fueron los primeros en la Península que practicaron de forma continuada la traducción. Esta labor, en palabras en García Yebra, supuso un vínculo entre Oriente y Occidente, pues muchas fueron las obras griegas y latinas que se tradujeron al árabe durante el reinado de Al-Mamún (813-833) en Bagdad,es tomada por un precedente de las posteriores Escuelas de Traductores de Toledo de los siglos XII y XIII. No en vano, y por mandato del entonces infante Alfonso, la primera traducción literaria al castellano realizada en la Península será una colección de cuentos tradicionales árabes titulada Calila e Dimna hacia 1251.

La labor de Alfonso X el Sabio no sólo es de primera magnitud, como se verá, en el terreno de la traducción, sino también en el de la lengua y su uso. A él se atribuye la fórmula del “castellano drecho”, un claro antecedente de la actitud purista que en tantas y diversas etapas ha caracterizado a nuestra lengua o a sus defensores. Según Lapesa, “la labor de Alfonso X capacitó al idioma para su exposición didáctica”, al rey se atribuye- al rey y a su escuela de traductores, se entiende- la creación de una prosa castellana que, no obstante su embrionario estado y su afán por la norma, se caracterizará por la adaptación o la adopción de multitud de términos latinos y árabes, sobre todo en los campos científico y técnico. En las obras traducidas durante este periodo, e incluso en las propias, es patente el esfuerzo por aclarar los conceptos y acercar, de forma didáctica, los contenidos al lector.

Fuente: Aproximación a una historia de la traducción en España. José Francisco Ruiz Casanova

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Medievo (I)

Durante el período que va desde el siglo III adC. al siglo V de nuestra era, la Península Ibérica- Hispania y Lusitania- es una provincia más del Imperio Romano. Esto supone, obviamente, no sólo dominación política y militar y la subsiguiente adaptación del estilo de vida y costumbres de los romanos, sino también recibir su influencia cultural, artística, lingüística y literaria. La labor de Roma, en este último  sentido, debe ser tenida como el origen de las culturas de Occidente, sobre todo en cuanto a la lengua, pues, como es sabido, de la evolución del latín culto y el latín vulgar usado y extendido por los diferentes territorios del Imperio nacerán las lenguas románicas o romances: gallego, portugués, castellano, catalán, francés, italiano, rumano, etc. La importancia de este hecho está fuera de toda duda y dicho origen común puede rastrearse hoy en día tanto en el aspecto puramente etimológico de cada una de las lenguas y culturas sobre otras a lo largo de los últimos quince siglos.

La pervivencia del latín, no obstante, será mayor que la del propio Imperio. La lengua clásica se convierte, por razones diversas, en vehículo de las manifestaciones culturales escritas así como en la lengua de la ciencia, la filosofía y las relaciones diplomáticas. Esta opción se fundamenta en una cierta lógica observada por las antiguas comunidades del Imperio: por una parte, la lengua latina mantiene el vínculo de sus usuarios con la época y la cultura clásicas, a la par que distingue lo tratado por ellos de las manifestaciones domésticas o populares, que utilizan un habla nacida de particulares y peculiares evoluciones del latín vulgar; por otra, el latín clásico de la escritura unifica la cultura de Occidente y es, además, la lengua de la Iglesia católica. En el caso de España, esta situación en la que se privilegia el uso literario de la lengua clásica llegará hasta el siglo XVII, aunque desde el siglo XIII, gracias a la labor y las ideas de Alfonso X, se registran varios intentos de dotar de rango de lengua de la cultura al romance castellano o español.

En la singular evolución del latín vulgar en la Península incidirán, de manera muy significativa, dos ocupaciones territoriales: la primera, procedente de los pueblos germánicos del Norte, la segunda, de los pueblos árabes del  sur. Los pueblos germánicos irán llegando, en oleadas sucesivas, a lo largo del siglo V, más exactamente desde el año 409. Aun cuando su romanización fue rápida y siempre se insista en su escasa aportación cultural, la lengua romance peninsular registra un buen número de términos, topónimos y antropónimos en su léxico, sobre todo de procedencia goda y visigoda. García Yebra se ha referido, en el campo de la traducción, a la realizada por el obispo Ulfilas, quien vertió del griego al gótico la totalidad de la Biblia, a excepción de los dos libros de los Reyes: “Cuando los visigodos se establecieron aquí, llevaban ya varios siglos de contacto con el Imperio Romano y habían aceptado, como los otros pueblos Godos, el cristianismo arriano. El obispo Ulfilas, que, además de su propia lengua, sabía latín y griego, había traducido al godo, en el siglo IV, casi toda la Biblia. Su versión era de uso general entre los visigodos.

Fuente: Aproximación a una historia de la traducción en España. José Francisco Ruiz Casanova

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