La seriedad del juego

Entre las características formales del juego la más importante era la abstracción especial de la acción del curso de la vida corriente. Se demarca, material o idealmente un espacio cerrado separado del ambiente cotidiano. En ese espacio se desarrolla el juego y en él valen las reglas. También la demarcación de un lugar sagrado es el distintivo primero de toda acción sacra. Esta exigencia de aparcamiento es, en el culto, incluyendo la magia y la vida jurídica, de significación mayor que la meramente espacial o temporal. Casi todos los ritos de consagración e iniciación suponen, para los ejecutantes y para los iniciados, situaciones artificialmente aisladoras. Siempre que se trata de profesión de votos, de recepción en una orden o en una hermandad, de conjuración y sociedad secreta nos encontramos en una forma u otra con esta demarcación. El hechicero, el vidente, el sacrificador, comienzan demarcando el lugar sagrado. El sacramento y el misterio suponen un lugar consagrado.

Por la forma, es lo mismo que este encercado se haga para un fin santo o por puro juego. La pista, el campo de tenis, el lugar marcado en el pavimento para el juego infantil de juego e infierno, y el tablero de ajedrez, no se diferencian, formalmente, del templo ni del círculo mágico. La sorprendente uniformidad de los ritos de consagración en todo el mundo nos indica que tales ritos arraigan en un rasgo primordial y fundamental  del espíritu humano. Generalmente, esta uniformidad de formas culturales se suele explicar por una causa lógica ya que la necesidad de demarcación y apartamiento se debería ir a la preocupación de defender lo consagrado de las influencias dañinas de fuera, que serían especialmente peligrosas en el estado que cobra lo consagrado.  De este modo se coloca, en el origen del proceso cultural correspondiente, una reflexión razonable y un propósito utilitario, precisamente la explicación utilitaria que rechazaba Frobenius. En esta concepción queda, sin embargo, algo de la motivación racionalista. Si aceptamos,por el contrario, la identidad esencial y originaria del juego y rito reconocemos, al mismo tiempo, que los lugares consagrados no son, en el fondo, sino campos de juego y ya no se presenta esta cuestión falaz del “para qué” y “por qué”. Si resulta que la acción sacra apenas se puede diferenciar formalmente del juego, se plantea entonces la cuestión de si esta coincidencia entre el culto y el juego no se extenderá más allá del aspecto puramente formal.

Finalmente, en el juego auténtico, independientemente de sus características formales y de su alegría lleva, indisolublemente unido, otro rasgo esencial: la conciencia, por muy al fondo que se halle, de ser “como si“. Queda, pues, la cuestión de en qué grado semejante conciencia puede vincularse a la acción agrada que se ejecuta con entrega absoluta.

Fuente: Homo Ludens. Johan Huiziga

Paula Lara Domínguez

Docente y traductora 

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Platón y el juego

Los conceptos de rito, magia, liturgia, sacramento y misterio entrarían, entonces, en el campo del concepto “juego”. Hay que evitar el forzar demasiado la conexión interna del concepto, porque tendríamos, al extender demasiado ese concepto de juego, un mero juego de palabras. Pero creo que no incurrimos en este tropiezo si consideramos la acción sacra como juego. Lo es en cualquier aspecto por la forma, y por la esencia, en cuanto que traspone a los participantes en otro mundo.

Para Platón se daba, sin reserva alguna, esta identidad entre el juego y la acción sacra. No tenía reparo en incluir las cosas sagradas en la categoría de “juego”. “Hay que proceder seriamente en las cosas serias y no al revés- Dios es, por naturaleza, digno de la más santa seriedad. Pero el hombre ha sido hecho para ser un juguete de Dios y esto es lo mejor en él. Por esto tiene que vivir la vida de esta manera, jugando los más bellos juegos, con un sentido contrario al de ahora”. “Consideran la guerra como una cosa seria…, pero en la guerra apenas si se da el juego ni la educación que nosotros consideramos como lo más serio”. También la vida de paz debe llevarla cada uno lo mejor que pueda. ¿Cuál es la manera justa? Hay que vivirla jugando, “jugando ciertos juegos, hay que sacrificar, cantar y danzar para poder congraciarse a los dioses , defenderse de los enemigos y conseguir la victoria“.

En esta identificación platónica del juego y lo sacro, lo sagrado no desmerece porque  se le califique de juego, sino que éste queda exaltado porque su concepto se eleva hasta las regiones más altas del espíritu. Decíamos al principio que el juego existió antes de toda cultura. También, en cierto sentido, se cierne sobre todas ellas o, por lo menos, permanece libre de ellas. El hombre juega, como niño, por gusto y recreo, por debajo del nivel de vida seria. Pero también puede jugar por encima de este nivel: juegos de belleza y juegos sacros.

Desde este punto de vista podemos precisar más la conexión íntima entre culto y juego, De este modo se aclara el fenómeno de la amplia homogeneidad que ofrecen las formas rituales y las lúdicas y mantiene su actualidad la cuestión de en qué grado toda acción sacra corresponde a la esfera del juego.

Fuente: Homo ludens. Johan Huiziga

Paula Lara Domínguez

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Conocimiento lógico-matemático y espacial en Piaget

Nuestro conocimiento se organiza en torno a dos marcos de referencia: un marco lógico-aritmético y un marco espaciotemporal Cuando Piaget habla del marco lógico-matemático amalgama los dos marcos de referencia (la matemática incluye la geometría, que surge del marco espaciotemporal). Antes se ha dicho que hace falta un esquema de clasificación (parte del marco lógico-aritmético) para reconocer cada uno de los objetos del entorno. Los objetos existen en el espacio y en el tiempo y necesitamos un marco de referencia espaciotemporal para situar los objetos y los acontecimientos en el espacio y en el tiempo. Por ejemplo, no podríamos comprender datos empíricos como el Mar Mediterráneo, la Revolución Francesa y el movimiento de un péndulo sin una organización del espacio y del tiempo en la mente. Si bien el marco espaciotemporal nos posibilita la comprensión de determinados aspectos o hechos empíricos, el marco lógico-aritmético también es necesario para esta comprensión. Por ejemplo, las mismas ideas de mar, revolución o péndulo serían imposibles sin una organización lógico-aritmética. Puesto que los marcos lógico-aritmético y espaciotemporal no puede reducirse el uno al otro, Piaget afirma que nuestro conocimiento se organiza en torno a estos marcos de referencia.

Aunque muchos racionalistas afirmaron que ciertas ideas como el espacio, el tiempo, la causalidad y el número son innatas, Piaget demostró que los marcos de referencia lógico-aritmético y espacio-temporal son construidos por cada niño. Ya se ha hecho mención de la construcción del primero en el ejemplo del esquema de clasificación que construye el niño a medida que va aprendiendo sobre todos los objetos de su entorno, como la distinción entre canica y cualquier otro tipo de objeto y entre perro y cualquier otro tipo de animal. También se ha mostrado que este esquema de clasificación evoluciona hacia una organización jerárquica a medida que el niño coordina relaciones parte-todo basadas en las similitudes y las diferencias que observa en los objetos.

El niño crea los marcos de referencia lógico-aritmético y espacio-temporal mediante la abstracción reflexionante (y la equilibración). Piaget establece una importante distinción entre abstracción relfexionante y abstracción empírica (o simple). En la abstracción empírica, el niño se centra en una propiedad física determinada de un objeto e ignora las restantes . Por ejemplo cuando abstrae el color del objeto, simplemente ignora las otras propiedades como el peso y el material de que está hecho. En cambio, la abstracción reflexionante implica la creación de relaciones entre objetos como “iguales”, “distintos” y “dos”. Como se dijo antes, las relaciones no existen en la realidad exterior. A causa de esto, el término abstracción constructiva podría ser mejor que abstracción reflexionante puesto que indica que la abstracción es una verdadera construcción por parte de la mente.

Fuente: Juegos colectivos en la primera enseñanza. Constance Kamii y Rheta DeVries

 

Paula Lara Domínguez

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El criterio moral en el niño según Piaget

En El criterio moral en el niño, Piaget (1932) hablaba de las sanciones, término que el traductor al inglés tradujo desgraciadamente por castigos. En este libro Piaget afirmaba que los adultos emplean sanciones para hacer que los niños se comporten de determinadas maneras y que, en la vida, es normalmente imposible evitar las sanciones como cuando, por ejemplo, no queremos que los niños toquen los mandos del televisor o del tocadiscos. Así pues, si bien reconocía el carácter inevitable de las sanciones (y, en este sentido, coincidía con los conductistas), también insistía en que las sanciones tienen el efecto de prolongar la heteronomía de los niños impidiendo el desarrollo de su autonomía. Como se recordará, la palabra autonomía es un término político que significa gobernarse a sí mismo. Por el contrario, la heteronomía significa ser gobernado por alguien más. La heteronomía puede observarse en el ejemplo del niño de siete años de edad que responde “No” a la pregunta “¿Es malo decir mentiras si no te castigan?” La autonomía puede verse en el ejemplo del niño de 12 años que decía: “A veces, es casi necesario decir mentiras a un apersona mayor, pero mentir a otro niño no tiene perdón”. Las personas autónomas tienen sus propios criterios para juzgar qué está bien y qué está mal, y sus juicios no se basan en que puedan ser castigados o no.

Podemos limitar las sanciones a su vertiente positiva y ejercer la recompensa sin castigo y la aprobación en vez de la reprobación. Sin embargo, todo el poder de las sanciones positivas sólo puede conducir a prolongar la heteronomía de los niños. Las sanciones explican por qué la gran parte del comportamiento de la gente puede controlarse en gran medida, pero no pueden explicar el comportamiento valeroso de las personas autónomas que rehúsan transigir con el sistema de recompensas y defienden lo que consideran moralmente correcto.

El conductismo puede explicar la heteronomía, pero la autonomía sólo puede ser explicada por una teoría de mayor alcance.

Fuente: Juegos colectivos en la primera enseñanza. Constance Kamii y Rheta DeVries

Paula Lara Domínguez

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Medievo (IV)

En la formación de la lengua literaria a lo largo de la Edad Media inciden numerosos factores, desde la propia evolución del castellano hasta la traducción de obras latinas y árabes. No obstante, debe considerarse la época medieval como una etapa de establecimiento y conformación de la lengua; de hecho, como hemos visto, Nebrija, en los albores del siglo XVI, rinde, de un lado, homenaje a la labor de la corte de Alfonso X y, de otro, entiende que la lengua castellana necesita de una cierta regulación normativa, cosa que expresa como uno delos objetivos de su gramática.

La cultura literaria escrita en castellano data de los siglos X y XI, si se acogen en ella las muestras de la lírica tradicional (jarchas) o las de las glosas anteriormente citadas. Es de suponer que la épica castellana nació, según la tesis de Menéndez Pidal, de unos primitivos cantos orales, más tarde recogidos por escrito, y nunca antes de finales del siglo XII o comienzos del XIII. Pero fuera de las cronologías, lo que es cierto es que el desarrollo de la literatura en literatura castellana en la Edad Media obedece al doble impulso que, en este ámbito, la lengua mantiene hasta la llegada de la imprenta y, desde luego, después. Las manifestaciones literarias son, en muchos casos, deudoras de la épica francesa, los poemas latinos bajomedievales y las colecciones de cuentos orientales: fácil, en este sentido, es el rastreo de fuentes en obras tan diversas como el poema del Mio Cid (Siglo XIII), el Libro del Buen Amor (siglo XIV) o La Celestina (siglo XV), por citar tan sólo una de las obras magnas por centuria. Pero la literatura castellana no se alimenta solamente de sus antecesoras, sino que establece muy pronto un vínculo popular que la hace sobrevivir pese a las dificultades para su difusión, en síntesis, los dos motores que impulsan el desarrollo literario del castellano. Basta tan sólo hacer un rápido repaso de las corrientes, temas, estilos y géneros medievales para comprobar dicha dualidad.

Fuente: Aproximación a una historia de la traducción en España. José Francisco Ruiz Casanova

Paula Lara Domínguez

Docente y traductora 

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